
Camino por mi barrio. Veo los mismos cuatro modelos de casas, todos con sus pastos perfectos. Veo los niños andando en bicicleta por todos lados, con sus padres detrás de ellos, con sus perros perfectos. Veo las albercas, los cercos, y los juegos de niños. Los suburbans en cada camino de entrada. Todo es seguro, siempre. No hay crimen. Hay pocas problemas financieras. Los niños de estas familias no tienen que preocuparse por nada. Si quieren ir de compras, sus papás les prestan su tarjeta de crédito sin problema. Nunca hay razón de sentirse incomodo porque nunca tienen que hablar con nadie diferente, siempre están en las mismas situaciones. Todos los estudiantes en la escuela son blancos, o tal vez hay 2 estudiantes negros. No saben del mundo exterior, para ellos el mundo es perfecto. Tal vez escuchen de problemas de vez en cuando, una guerra allá, la pobreza acá. Pero no les importa mucho. Para ellos, el mundo es perfecto. Todo es bonito.
Me crecí en un ambiente así. Mis amigos de prepa todavía viven en el pueblo, viviendo por el dinero de sus papás. Tienen un punto de vista del mundo que es muy limitada, pero no tienen ganas de expandirlo. Están contentas con sus vidas seguras. Probablemente van a trabajar como contadores o enfermeros. No tengo nada contra estos trabajos, de hecho, mi papá es un contador y mi mama era una enfermera. Pero son trabajos seguros. Me crecí en una manera un poco diferente de mis compañeros. Mi mamá ha estado luchando contra cáncer por 10 años. Por eso, aunque me crecí en un barrio casi perfecto, ya he visto mucho en mi vida. Pero, a pesar de todo, me doy cuenta de que por mis luchas, he aprendido muchísimo. He sentido los sentimientos más extremos, de tristeza y de alegría. Por esta experiencia, soy diferente de mis compañeros de prepa. Pero no querría cambiar nada sobre mi vida porque por mis experiencias duros, he crecido, aprendido, y vivido. Según Caballera, “Es la imperfección lo que nos hace sudar, pensar, llorar y soñar¨ Ya sé la importancia de vivir en cada momento, siempre ser positivo, y de aprovechar todo en el mundo. Mi mamá me enseña que no debo tener miedo de vivir. Quiero ver el mundo, y entender las otras culturas. Quiero hacer una diferencia. Quiero vivir por las extremas, porque son los que construyen una vida real. Nunca quiero sentir completamente cómoda. Quiero tomar riesgos. Quiero vivir por mis sueños.
Pienso en la situación de mi pueblo por leer ¨la generación de crack¨ y ¨La generación sin nombre¨. Vivir en mi barrio es como ser de una generación sin nombre, sin vida. El ¨perfeccionismo es el que lentamente nos mata¨(Caballera). Es como los escritores que escriben bonitos, pero sobre nada profunda. Como los que escriben para ser best-sellers, pero tienen miedo de hacer un gran diferencia en el mundo. Pero hay que mudarse del barrio suburbio y perfecto. Hay que tener experiencias reales, aunque a veces son pesados. Hay que escribir algo profundo, del corazón, y hacer una diferencia en este mundo, porque solo vivimos una vez. Si no hacemos nada con nuestras vidas, si nunca tomamos un riesgo, no vivimos. Si escuchamos a las personas que nos dicen que no podemos hacer algo, quienes somos? Si no escribimos sobre el mundo real, con nuestros opiniones sinceros, en nuestra propia manera creativa, que logramos? No podemos sólo vivir por lo que vemos con nuestros ojos (lo que parece más práctico) en cambio a lo que nos sentimos con nuestras corazones. Si hagamos esto, somos la generación sin nombre, la generación perdida.
Los escritores de crack decidieron tomar un riesgo y hacer una diferencia. Escribieron profunda, y no tenían miedo de nada. Mostraron el mundo quienes eran, y de que les importaban. Eran valientes; no tenían miedo de ser hacer una diferencia.Sintieron, y lo escribieron. Todos podemos aprender algo de los escritores del crack, ambos en nuestra escritura y nuestras vidas. No podemos seguir como “la generación de los ojos abiertos y el corazón cerrado”, como nos llama Caballera. No tengo miedo de vivir mis sueños con toda mi corazón, ni de escribir sobre asuntos profundos, mostrar el mundo quien soy, y ponerme en situaciones incómodos. Es la única manera de vivir. Quiero hacer una diferencia. Ya no quiero ser un miembro de la generación sin nombre.
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